Vinos Canarios

24.04.2026

Tesoros volcánicos con personalidad única.

Cada isla tiene su microclima específico, lo que aporta una variedad de matices.

Las primeras cepas llegaron a Tenerife a finales del siglo XV de la mano de conquistadores y colonizadores. De ahí, las distintas variedades se extendieron en convivencia con la caña de azúcar, principal cultivo de exportación, hasta sustituirlo en el mercado internacional. En los siglos XVI, XVII y parte del XVIII, el malvasía, conocido como Canary Wine, se sentaba en las mesas de las cortes europeas, también en América, y su prestigio lo elogiaban escritores de la talla de William Shakespeare. Los vidueños, la mezcla del resto de variedades, se destinaban al consumo local y se enviaron a Inglaterra bajo el nombre de Vidonia.

Una de las claves de la particularidad de los vinos canarios descansa bajo sus pies.

Los suelos volcánicos donde crecen las viñas son ricos en minerales, porosos y con una capacidad extraordinaria para retener la humedad. Las uvas maduran lentamente, desarrollando una complejidad de aromas y sabores imposible de replicar en otro lugar del planeta.

Estos suelos, combinados con la influencia de los vientos alisios y la salinidad del mar, aportan sabores y aromas únicos a las uvas, que se transfieren a los vinos.

A esto se añaden la práctica de técnicas tradicionales, vendimias a mano y la dedicación de los hombres y mujeres que llevan a cabo una viticultura heroica, desde el mar hasta la cumbre, creando diferentes zonas de cultivo y el desarrollo de diferentes estilos de vino.

Con un total de once Denominaciones de Origen, cada isla tiene su microclima específico, lo que aporta variedad de matices y sabores. Cada sorbo es una sorpresa, desde vinos frescos y florales hasta tintos profundos y estructurados, pasando por dulces con alma de néctar.

La influencia de los vientos alisios y la salinidad del mar aportan aromas únicos.

La complejidad de sabores es imposible de replicar en otro lugar del planeta.

Parque Jurásico del viñedo

Canarias hizo valer su condición de aislamiento con ocasión de la plaga de filoxera que azotó el continente europeo en el siglo XIX, custodiando cepas centenarias y convirtiéndose en un auténtico Parque Jurásico del viñedo. Este excepcional patrimonio vitícola cuenta con más de ochenta variedades de vid iden-tificadas, muchas de ellas endémicas y exclusivas, desarrolladas tras quinientos años de adaptación, como listán negro, malvasía volcánica, baboso negro y forastera gomera.

Entre viñas y el Teide: la experiencia de cata más alta de Europa.

En Tenerife, donde el paisaje parece esculpido por el fuego y el viento, nace una experiencia única para los amantes del vino: las catas de Piedra Fluida, celebradas en el propio viñedo, en plena naturaleza volcánica.

Nuestra propuesta va más allá de una degustación. Invitamos al viajero a caminar entre cepas viejas que crecen sobre suelos volcánicos. El viñedo Frontones, a 1687 metros sobre el nivel del mar, es el más alto de Europa: un lugar extraordinario donde la altitud, la intensa luz, la brisa atlántica y la amplitud térmica dan lugar a vinos vibrantes, de frescura mineral y carácter atlántico.

La experiencia comienza recorriendo el viñedo y comprendiendo cómo la viticultura heroica y el clima extremo definen cada añada. El silencio, el aire puro y las vistas al océano y al Teide crean un escenario inolvidable. Después, entre las viñas, tiene lugar la cata guiada con una selección de vinos acompañados de quesos canarios de pequenos productores.

Para quienes buscan una vivencia aún más exclusiva, la experiencia Frontones ofrece visita privada, cata en altura y recorrido por el entorno del Parque Nacional del Teide.

Piedra Fluida no es solo vino; es paisaje, volcán y océano. Es saborear Tenerife desde su punto más alto.